martes, 18 de septiembre de 2007

PALABRAS DE RAFAEL PINEDA

EN EL ACTO DE PUESTA EN CIRCULACIÓN DEL LIBRO

EL GENERAL CABRAL Y LA GUERRA PATRIA – SANTOME 185

TAIPEI, Taiwán
- Cuando empecé a investigar sobre La Batalla de Santomé encontré episodios muy originales que no se habían producido en otras batallas durante la lucha por la Independencia de los países americanos.



Pero sobre todo, encontré algo que me llamó poderosamente la atención, digno de un análisis más profundo: la conducta ejemplar e intachable de un general que por fuerza de necesidad tuvo que ser ejemplo para los militares de su época, y debe serlo para aquellos de los tiempos modernos.

El general José Maria Cabral, quien no solo demostró una vez mas que era un hombre guapo (como decimos en la Republica Dominicana para definir a los valientes), sino capaz de asumir una conducta honrada, decidido a vivir con los medios que tenia a su alcance aunque fueran escasos, sin hacer uso del poder para arrebatarle lo que le pertenecía a otros, como era lo común en aquellos tiempos de formación del caudillismo. Se comporto con humildad dentro y fuera de la turbulencia de la guerra.

Luego investigue su trayectoria publica y vi que había aceptado un puesto de inspector regional de agricultura, después de haber librado a la nación de las amenazas de sus enemigos, de habérsele declarado héroe nacional, de haber sido ministro de guerra y marina, ministro de interior y policía, portador de la Espada del Honor concedida por el senado de la Republica y de haber ocupado la presidencia por mas de una ocasión.

Siendo jefe de los Ejércitos del Sur, vivió en San Juan en una casa sin abundancia ni boato, al mismo nivel de cualquier ciudadano decente. No se le conocieron aserraderos ni prácticas reñidas con la preservación del bosque para acumular riqueza, como también era común entre líderes de su época y condición.

Vi que cuando enfrentó en combate al fugitivo expresidente haitiano Silvain Salnave, venciéndolo en una audaz escaramuza escenificada próximo a Barahona, lo entregó al presidente del vecino Haití, Saget, quien oferto pagarle una fuerte suma de dinero como recompensa por haber capturado a quien, después de ser derrocado, había cruzado la frontera perseguido por sus acciones reñidas con el régimen democrático.

Cabral rechazó el ofrecimiento económico, demostrando que no actuaba movido por intereses materiales, sino solamente por la motivación patriótica que lo había impulsado a dejar sus estudios comerciales en Europa cuando supo el estallido de la lucha por la separación de Haití.

Haití y la Republica Dominicana comparten una misma isla pero son dos naciones completamente distintas, lengua diferente, cultura diferente, religión y origines contradictorios. De modo que aparte de la condición de vecino insular no había elementos de identidad nacional, sociológicos o filosóficos que identificaran a ambas naciones.

La historia de la Republica Dominicana es diferente a la de los demás países de Hispanoamérica: mientras la independencia de los segundos se produce contra España, la del primero se produjo en contra de su vecino, Haití, en el 1844, y solo en el 1863 en contra de España.

Dos destacados munícipes, Antonio Paulino, banquero y dirigente del Club Rotario, e Iván Ramírez, en ese momento Gobernador de la provincia y desde esa posición se afanaba en promover los fundamentos de este capitulo de la historia, ejercieron influencia en mi para que participe junto a ellos como organizador en los actos de homenaje y culto a esa estrella libertaria.

Una vez que me sentí identificado con la trayectoria intachable de José Maria Cabral, y de haber investigado su vida a partir del momento en que se embarco de Europa para Santo Domingo a participar en la guerra patria, procedí a indagar sobre cada uno de sus hechos como militar y como civil. Y luego, a investigar lo que se ha escrito, lo que se dice y se discute cada 22 de diciembre sobre la batalla que lo proyecto hasta llegar a ser la primera figura política de la Republica Dominicana en su momento, mediados y finales del siglo XlX.

Ya había publicado como separata una investigación que intitulo Batalla de Santome, Causas y Consecuencias, que incluyo, corregida y ampliada, en este volumen.

El año 2005 inicie la investigación final. Fue, durante mi estancia de un año y medio aquí en la ciudad de Taipei, donde le di conclusión, recaudando el apoyo de mis amigos en la República Dominicana que, como en el caso del investigador Ike Méndez, el profesor Roberto Rosado y Félix Caamaño, me mandaron fotografías y documentos complementarios.

Precisamente uno de los meritos de este libro, creo, viene a ser la inclusión de una amplia iconografía del general y de algunos miembros de su familia, como sus nietas Rossete Cabral Ramírez y Teresa Bompensier Cabral.

Una persona fundamental en la elaboración y recolección de esta iconografía lo fue sin duda el arquitecto y pintor Rafael Morillo, un amigo de la infancia con quien había trabajado este mismo tema en ocasión anterior. Le solicite que me dibuje un retrato del héroe, y con la velocidad del rayo me hizo dos dibujos que son la viva imagen, uno de ellos lo representa en el campo de batalla, el cual utilice colocándolo como imagen de portada y fragmentariamente en la pagina 89. El otro dibujo aparece en la pagina 14 y un fragmento en la numero 33.

Publicar el libro en Taipei fue difícil. Consulte varias editoras. En principio se negaban a imprimirlo debido a que no entendían el idioma. Su trabajo lo hacen en mandarín. Argumentaban, con razón, que no podían imprimir el libro sin entender lo que estaban haciendo, sin poder corregir cuando se presentara algún problema. En mandarin, la escritura española del texto no se entendía ni al derecho ni al revés.

Después contacte a la editora Copy City, donde aceptaron el reto. Allí se hizo el trabajo, con paciencia por las correcciones que hubo que hacer y por las fotografías que llegaron de San Juan el último momento. Hoy, este es el producto. Un libro que narra como los haitianos fueron expulsados definitivamente en su último intento por apoderarse, con el uso de la fuerza, de la Republica Dominicana, en la batalla más sangrienta librada hasta nuestros días en la región del Caribe.

La Republica Dominicana, situada en la parte oriental de la isla de Santo Domingo, llamada también isla La Española, había sido invadida en 1801 por las tropas de Tousaint Louverture.

En 1805 por las tropas de Jean Jacques Dessalines.

Y en 1822 por Jean Pierre Boyer.

Con esta ultima invasión, los haitianos cerraron las escuelas, la primera universidad fundada en el Nuevo Mundo, e incentivaron el caos, la pobreza.

Fue el año 1844 cuando el joven Juan Pablo Duarte, fundador del primer partido político con el nombre de Sociedad Secreta La Trinitaria, organizo al pueblo, promovió la sublevación e inicio la guerra contra los invasores expulsándolos y fundando la Republica el 27 de febrero de ese año.

Es aquí cuando entra en acción José Maria Cabral y Luna. Quien en ese momento era un joven que se preparaba para un mejor futuro, estudiando comercio en Londres. Abandono la carrera y se embarco para Santo Domingo a integrarse a la lucha liderada por Juan Pablo Duarte.

Los haitianos se fueron por la fuerza pero regresaron en otras tres ocasiones intentando quedarse de nuevo. Pero las tres veces fueron obligados a huir, barridos por tres

Campañas militares lanzadas por los patriotas.

Esas campañas fueron lanzadas en marzo del 1844; enero del 1845; febrero del 1849.

En todas estuvo presente José Maria Cabral.

Seis años después los haitianos hicieron un nuevo intento por pisotear la soberanía dominicana y desde el 10 de diciembre del 1855 lanzaron la denominada Cuarta Campaña de Souluque, encabezada personalmente por este, quien se autoproclamo Emperador y asumió el nombre de Faustin l.

El poderoso ejército choco con una muralla en San Juan: la resistencia encabezada por José Maria Cabral, quien lo derroto, y al mismo tiempo se consagro como figura no solo militar, sino política, siendo merecedor de los honores del público.

No solo se destaco en la lucha contra los haitianos, también contra España.

Aunque parezca extraño, después de independizarse de Haití, Republica Dominicana paso a ser, nueva vez, colonia española, al ser proclamada la anexión por el general Pedro Santana. Cosa que disgusto a Cabral dedicándose con toda la fuerza de su alma a combatir a España, formando parte del núcleo restaurador que lidero Francisco del Rosario Sánchez.

Sánchez fue apresado y fusilado, pero otros patriotas, Cabral entre ellos, recogieron su bandera y avanzaron contra España hasta alcanzar la victoria y restaurar la Republica.

Otro aspecto que considero importante en este libro es el que refiere detalles de la participación en la Batalla de Santome, de uno de los más grandes militares de la región del Caribe: Máximo Gómez, quien voluntariamente se reporto al servicio militar obligatorio. Posteriormente marcho a Cuba, encabezando las campañas por la independencia de ese país; allí obtuvo el titulo de Generalísimo.

Máximo Gómez escribió: mi bautismo de sangre lo recibí en los campos históricos de Santome, la más extraordinaria a la vez que decisiva función de armas contra las huestes haitianas.

En el clima de libertad, de amplia democracia participativa que disfrutan la Republica Dominicana, los Estados del Caribe, Centro y Sudamérica, ese militar honrado, dedicado a salvaguardar el interés legitimo de la nación, constituye un paradigma, un ejemplo de hombre y soldado, digno de ser imitado por quienes dirigen hoy, y por aquellos que aspiran a dirigir mañana.

Este acto de lanzamiento del libro EL GENERAL CABRAL Y LA GUERRA PATRIA-SANTOME 1855, celebrado en la víspera de cumplirse el 22 de diciembre los 151 años de la epopeya, es un homenaje que dedico, no solo a mi país, la Republica Dominicana, sino a ese héroe grandioso, José Maria Cabral. Pero más que nada, a mi pequeño pueblo de San Juan, escenario de tantas luchas, y de tan extraordinaria batalla.

Agradezco profundamente las finas atenciones que me han dispensado la Excelentísima señora Annette Lu, vicepresidenta de la Republica de China; a Su Excelencia James C. F. Huang, Canciller de la Republica de China; a Su Excelencia Sr. Hou Chin San, vicecanciller, quienes nos han honrado enviándonos estas preciosas canastas de flores; y a los honorables Simón Ko, director general del Departamento de Centro y Sudamérica del Ministerio de Relaciones Exteriores, por su encomiable discurso en este acto, y a Julián Huwan, jefe de sección.

Agradezco también la presencia de los honorables señores embajadores, los miembros del cuerpo diplomático, estudiantes y público en general.

Taipei, 6 de diciembre del 2006

Año del 151 aniversario de La Batalla de Santomé.

No hay comentarios: